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Defender lo nuestro

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Por: Luis Machado Ordext

La poetisa María Elena Salado Díaz, residente en Caibarién, anda de paso por Santa Clara. Veía desde la Televisión Cubana la sesión clausura del VI Congreso del Partido en el instante en que arrobó a mi casa. Había subido once pisos, y ella quedó sorprendida al apreciar la presencia de Fidel en el cónclave.

La poetisa María Elena Salado Díaz, residente en Caibarién, anda de paso por Santa Clara. Veía desde la Televisión Cubana la sesión clausura del VI Congreso del Partido en el instante en que arrobó a mi casa. Había subido once pisos, y ella quedó sorprendida al apreciar la presencia de Fidel en el cónclave. En el diálogo, decide repasar aspectos de la intervención del delegado Eusebio Leal Splenger, Historiador de La Habana, quien afirmó: «La cultura es en gran medida la memoria.» Preguntó ¿por qué? y la respuesta no se hizo esperar: «Significa la guía de nuestra historia; la razón de ser de una existencia que no claudica», afirma.

Prefiere la mujer obsequiarme con la recitación de sus décimas dedicadas a la «Paz», perteneciente a su libro Con la voz de mi pupila --editorial Capiro, Villa Clara, 2000--, cuando dice: «Escapa cual cimarrón/ mi canto, se vuelve un haz,/ vuelo de flecha capaz/ de abrir hasta el corazón;/de la cadena, eslabón,/ del mar su rugido fiero/ dice basta, ya no espero/ quiero ser, del ave, trino/ y no ser más remolino/ bajo el ala del sombrero.»

Más adelante continua: «Este canto que ha salido/ a mostrar su libertad/ solo a fuerza de verdad/ vibra, late enardecido;/ este canto se ha crecido/ en el oído del hombre/ y aunque la razón asombre/ es mi canto un largo viaje/ que lleva por equipaje/ las tres letras de su nombre.»

Noto en la melodía de las espinelas un saboreo por la vida. Entonces comenta que constituye la transparencia del acto deslumbrante que vivimos los cubanos por estos días. De tener a Martí, como un gozo perpetuo en las enseñanzas de Fidel. «Es la vida del cubano que, desde la Paz, y eso significan las tres letras a las que hago referencia, perpetúan nuestra independencia.»

«Un hombre sin memoria se traduce en ermitaño, y nada más alejado para un cubano, ese que día a día, desde los parajes más distantes, llámese costa, serranía, surco, vibra en la humildad de conquistar el porvenir y perfeccionar los mecanismos que distinguen a la sociedad cubana afirmada en la defensa de su socialismo», apunta.

Es cierto, no cabe otra alternativa, la poesía, como cualquier otro tipo de manifestación artística, vislumbra aquella afirmación de Fidel cuando abordó hace años ante intelectuales cubanos que debíamos salvar la cultura, un engranaje histórico que perpetúa la forja de nuestra nación.

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