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Zapatos blancos para una niña en Santiago de Cuba

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“Mamá, dónde queda ese país que se llama Santiago de Cuba…dice la maestra que los niños lo perdieron todo y que vamos a mandarles lo que podamos…¿tú crees que mis zapaticos de cuando era chiquita sirvan?”

Así preguntó Kassandra desde sus seis años en una más de las muestras solidarias entre los caibarienenses por estos días. Por supuesto, la pregunta dio pie para ubicarla en la geografía nacional y decirle que aquí en nuestra propia patria, otros niños se quedaron sin techo o sin ropa y que Sandy, con nombre de amiguito del círculo infantil, era un viento fuerte llamado huracán que arrancó los techos  e inundó las casas. También aprendió que dar sus zapatos blancos del primer año es un gesto hermoso y quizás sean ahora para otra niña que por estos días arribe a esa edad.

En varias viviendas de Caibarién comienzan a aparecer pegatinas que dicen: “Trabajador solidario”, las sitúan los pioneros y señalan los hogares de trabajadores de la Unión Eléctrica que partieron hacia las provincias orientales a dar su aporte en la recuperación.

El Consejo de Iglesias en Caibarién recibe donaciones de todo tipo, cada cual desde las posibilidades de su economía, algunos con más de lo que pueden.

Vuelve a escucharse con frecuencia la frase que desde tiempo atrás empleamos para ayudar a los hermanos de otras latitudes, ahora aplicada a los cubanos del Oriente: “Solidaridad no es dar lo que nos sobra, sino compartir lo que tenemos”.

Naciones que saben de nuestro apoyo en momentos difíciles envían lo necesario: materiales de construcción, alimentos …no faltan tampoco frases de aliento en diversas lenguas.

Y la fortaleza de este pueblo, que está en su poder de recuperación ante los embates de cualquier tipo, se fragua con la solidaridad; esta “colmena” que somos, de nuevo comienza a dar miel.

Quizás dentro de unos años, cuando se hable de ciclones tremendos que azotaron a Cuba,  Kassandra cuente a sus hijos de aquella vez en que regaló sus preciosos zapatos blancos.

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