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Un palacio del Arte en Caibarién

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Cuando el añejo edificio dejó de ser guardería infantil y cerró sus puertas, muchos en Caibarién predijeron su derrumbe y desaparición; tantas veces habían visto suceder lo mismo con  edificaciones patrimoniales.  Luego de un tiempo de indefinición, se dijo que sería para los artistas y las opiniones divergieron entre quienes tuvieron esperanzas y los que consideraron innecesaria otra institución cultural en la localidad. Sin embargo, hoy nadie duda que fuera una decisión atinada, la casona de la UNEAC es una bella y activa plaza cultural.

Cerca del séptimo aniversario del Comité de la UNEAC en Caibarién y del segundo año de trabajo en su actual sede, entrevisto a Leonel Vicens Martín, presidente de la ONG de los artistas en la localidad, quien me recibe con su más frecuente traje de gala de estos tiempos, un overol azul salpicado de pintura.



El trabajo en la edificación que sirve como sede a la UNEAC en Caibarién, partió de cero porque estaba casi en ruinas, ¿con qué intención se vino haciendo esto que prácticamente es una restauración?

La intención era devolverle a Caibarién una de las principales joyas arquitectónicas que tenía y que se encontraba en ruinas, nos reunimos un grupo de caibarienenses, jóvenes sin experiencia, sin dominar las técnicas de restauración, y partimos de la idea de que a Caibarién le hacía falta ese edificio y a la vez hacía falta un espacio para los artistas que no teníamos hasta esa fecha y a partir de esa idea, iniciamos la reconstrucción.

Decías que no tenían experiencia en el trabajo de restauración, sin embargo llama la atención cómo han recuperado habitación por habitación.

Las cosas han salido en el camino, hemos hecho un estudio, nos documentamos a través de Internet, también de sugerencias que nos han brindado, de testimonios de personas que visitaban la casa de los Delgado en aquel entonces y hemos tratado de rescatar con pequeñas muestras que quedaban, hemos innovado para sacar moldes, contamos también con alguna asistencia de arquitectos y algunos restauradores de La Habana que nos han asesorado, y a partir de allí hemos hecho nuestro trabajo.

Pero, hay anécdotas de que al principio, mandabas a tumbar toda la pintura que se había dado en una habitación y había que rehacerla o cambiar todo lo que se había hecho en determinado lugar.

Es que estábamos empezando y de pronto nos dábamos cuenta que eso no funcionaba y había que empezar desde cero y demostrar que se podía hacerlo bien, si no salía como estaba previsto, había que reiterar el trabajo una y otra vez hasta lograr nuestro objetivo. Yo siempre digo que las cosas cuando se van a hacer se hacen bien y si no, no se hacen. Fallábamos al principio porque estábamos empezando, pero no podíamos conformarnos, además, yo no decido, somos un colectivo, quizás la experiencia de la radio: hacemos un trabajo de mesa, salen las ideas entre un grupo y las emprendemos según ese debate, hasta lograr el objetivo que quiere el equipo.

En esta batalla por salvar la casa de la UNEAC, se han hecho un poco arquitectos…

Sí, tuvimos que investigar y aprender, esta casa tiene un estilo ecléctico francés, dicen los libros que es un ecléctico puro porque  es una mezcla de estilos muy bien marcada, data del año 1923, o sea, que casi tiene un siglo. Por eso, la tarea no termina con la restauración, hay que seguir aplicándole el mantenimiento al edificio.

Oigo decir que han trabajado aquí muy pocas personas ¿cómo ha sido el criterio de selección de quienes trabajaron durante estos casi dos años?

Comenzamos en abril del 2010. Realmente ha trabajado el que tiene que trabajar, actualmente solo somos cinco personas, porque para hacer esta obra hay que sentir amor, no pensar en el dinero, y sacarla como se ha planificado, nunca tuvimos una fecha tope, sale cuando esté perfecta. Cuando comenzamos no teníamos un peso de presupuesto, solamente con el amor y apoyo de los artistas, ya en estos momentos sí contamos con dinero para algunas necesidades, pero a partir de que nos hemos ganado una confianza que hizo que la UNEAC pusiera en nuestras manos un presupuesto y un grupo de recursos para seguir adelante.

Estamos manejando con la dirección nacional de la UNEAC, el gobierno y el Partido del municipio, como posible fecha inaugural el 14 de abril de este año, para hacerla coincidir con el séptimo aniversario de la constitución del Comité de la UNEAC en Caibarién.

Mientras conversamos, varias veces Vicens interrumpe la respuesta para tocar una pared que muestra manchas húmedas, recoger las semillas de la enredadera que sube por unas guías tejidas con el objetivo de que cubra y hermosee el pasillo, o da instrucciones al custodio-recepcionista-ayudante de todo.

Aún cuando la casa no está terminada, la UNEAC ha dado actividades sistemáticas durante todo este tiempo, incluso algunas peñas se han hecho habituales en esta sede ¿por qué decidieron darle uso si está aún en reparación?

Al principio sólo era la obra civil, los vecinos, la gente, preguntaban, yo quería demostrar al pueblo de Caibarién qué era la UNEAC y qué era capaz de hacer la UNEAC, decidimos empezar a dar una muestra del arte de primer nivel en las primeras salas: conciertos, conferencias, para que ya las personas conozcan las proyecciones y el futuro de la UNEAC en esta ciudad.

¿Cómo sueña Leonel Vicens este local una vez terminado?

Yo lo sueño como un palacio del Arte, pienso que desde las personas que vamos a trabajar aquí, hasta el edificio, debe ser todo amor, quien entre aquí debe sentir la satisfacción que brinda el ambiente arquitectónico agradable conjugado con las personas que debemos lograr el complemento final. Por eso desde ya, hablo claramente con el grupo que va a trabajar aquí, una plantilla tan pequeña como quienes intervinimos en la reparación, tienen que saber que haremos muchas actividades a la vez, que quizás no estén en su contenido, pero que requieren de estar sensibilizados con lo que queremos lograr, la consagración es la palabra de orden en la UNEAC de Caibarién.

No termino aún de bajar la escalinata de la casona de la UNEAC en Caibarién y mi entrevistado ya está encima del andamio con un pote de pintura verdeazul y una brocha… me voy con Martí en el pensamiento: “Hacer es el mejor modo de decir”.

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