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Una lección de periodismo del Indio Naborí

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A veces tardamos años en transitar un camino y alguien en un segundo nos devela cientos de claves.

Desde niña escribí cuanto me impresionaba, gané concursos por mi redacción y ortografía avanzadas para mi edad, lo que me valió fama de estudiante perfecta, también por aquella manía de alisar uno por uno antes de sentarme los tachones de la falda, que mi madre endurecía con almidón...ufff...Y yo no quería ser tan tiesa, ni tan perfecta, cuanto más crecía mayores eran mis deseos de salirme de lo establecido y hasta cometí varias "locurillas", pero algo no variaba, mi deseo de contar, opinar e inventar mis propios textos.

Puede que parezca una autobiografía, pero tenga paciencia, que esta "autosuficiente" memoria llevará hasta la lección que aprendí hace tiempo del Indio Naborí.

Cuando me preguntaron en la secundaria básica por mi vocación para llenar aquel expediente escolar que se convertía en arma de terror ante las indisciplinas, dije sin titubeos que sería periodista; interrogada cada curso hasta el último de preuniversitario afirmé lo mismo; pero en el momento decisivo no tuve oportunidad...porque las únicas dos plazas asignadas a Villa Clara para cursar dicha carrera en la admirable y deseada Universidad de La Habana, eran para dirigentes de la UJC y yo...no lo era. Primera enorme decepción y gran escollo en mi futura vida profesional.

Así escogí una carrera de letras que me permitió además ejercer la docencia, otra forma de contar, opinar y hasta inventar mis propios textos, y pasaron los años mientras buscaba la forma de hacer periodismo aunque no me pagaran un centavo por ello. Caibarién, mi tierra adoptiva, tenía una emisora de radio, pero no me decidía, hasta que alguien con poder de decisión vetó mi entrada a un trabajo con enormes ventajas económicas, que necesitaba aunque en él no dijera ni pío y mi realización se fuera por los vericuetos de ropa y comida, en momentos en que se trataba de sobrevivir y luego soñar.

Pero vuelvo a la historia, bastó que alguien limitara mi libertad de elección para que me plantara en la puerta de la emisora y rogara una plaza aunque fuera de limpieza, que al menos me pondría más cerca del periodismo. Pero, mi estrella, mi santo y la licencia de maternidad de Maricela Alonso, me pusieron de inmediato en el departamento informativo de Radio Caibarién como periodista que atendía el sector de la Cultura. !A cumplir los sueños!

¿Y el Indio Naborí? Calma, por favor, que mi ego necesita un poco de historia.

Pues me instruyen en que, como parte del código de ética: no grabe si el entrevistado no consiente en ello, que coordine previamente las entrevistas para que la persona se prepare, incluso le dé un temario para hacer más coherentes sus respuestas...Y decido llamar al Indio Naborí porque sus primeras obras se publicaron en revistas de Caibarién.

Venía un ciclón, pero no podía dejar que rompiera mis planes, llamé, salió su esposa, de fondo escuchaba martillazos, muebles corridos de lugar; ella, dulce y atenta, me advirtió que el poeta no se sentía bien, pero lo puso al teléfono, lo saludé con el corazón sonándome en las sienes, le expliqué mi deseo de entrevistarlo sobre Ramón Arenas y las revistas Rumbos Nuevos y Archipiélago, le pedí fecha y horario, pero comenzó a hablar al paso que su voz se hacía más clara, sentía como si viviera aquellos tiempos de la Casa de los Poetas:

Yo no lo recuerdo con ese nombre que tú me dices, nosotros le decíamos Ramiro, recuerdo que era muy alegre, siempre animaba aquellos encuentros en la Casa de los Poetas en el Cerro, él era el que se paraba allí delante para empezar con una cosa muy graciosa que ya casi no recuerdo como de "ajo con col, caracol con col con ajo". Él y yo teníamos largas conversaciones sobre la poesía, siempre me estimulaba mucho, me reconocía mi forma novedosa de hacer la décima: Para mí fue un honor que me publicara en su revista un poeta y periodista como él, me abrió los caminos a mí que era un desconocido, y eso se lo agradezco mucho. De aquellas tertulias en la Casa de los Poetas recuerdo que estábamos allí Mario Rodríguez Alemán, Raúl Ferrer, un grupo grande, algunos eran universitarios, otros trabajadores con intereses literarios, eran los sábados, primero en el cerro, en casa de un tabaquero que se llamaba Pancho Arango...No sé si eso es lo que te interesa.

Y yo: Claro, eso mismo, qué bueno...pero yo soy de la radio y lo necesito en audio ¿cuándo lo llamo?

Y Naborí en medio de los martillazos:

Mira, niña, viene un ciclón y tú me dices que no grabaste, pues anótalo que yo tengo que evacuarme para casa de unos amigos.

No recuerdo hasta entonces haber pasado otra pena igual, después si las hubo y quizás las cuente más adelante; por cierto, todas relacionadas con este llamado "oficio de instruso", esta me dejó varias  enseñanzas que transmito:

1. Graba y después pides permiso

2. No molestes a las personas en situaciones de evacuación con otros temas

3. Si no grabaste, anota lo que recuerdes que siempre te servirá

Cinco minutos fueron suficientes para demostrarme cuánto debía aprender y qué diferente era soñar con ser periodista a serlo de veras, aún lo intento tratando de aprender todos los días.

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mipedacitodecuba

gravatar.comAutor: Aurora Sala

Te felicito amiga que buen comentario sobre las cosas que te han pasado eres muy realista te expresas con todas las palabras sin omitir nada, me hicistes recordar los años en la Secundaria
Julio Antonio Mella, de verdad que eras asi, siempre fuiste muy buena en las letras, a mi me gustaba mas la matematica las ciencias en general, Raisa que es de Paula la maestra de Matematica yo me acuerdo de ella con mucho cariño si la vieras algun dia comentale de mi, para mi fue una de las mejores maestras que tuve de Matematica. Ella era la unica que me decia Gloria Aurora. Gracias amiga muy lindo todo y sobre todo lo que publicastes del Indio Nabori,

Fecha: 01/07/2011 19:05.


gravatar.comAutor: Frank J Garcia

Dios aprieta pero no ahoga. Tu historia demuestra que todos nacimos con un destino. Y si te lo propones siempre alcanzarás ese destino por el que luchas. Basta con luchar. También recuerda siempre unas palabras de Martí que decía que lo que llevas en tu mente es el único tesoro que nadie te puede quitar.

Fecha: 04/07/2011 17:51.


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